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¿Quién piensa en nosotros? Artistas, bienestar y salud

¿Quién piensa en nosotros? Artistas, bienestar y salud

Ciudad de México. El derecho a la salud es parte fundamental de los derechos humanos, aún así, grandes sectores de la población mexicana carecen de éste. En este artículo de opinión vamos a enfocarnos en el gremio artístico, su carencia en cuanto a su acceso a la salud, así como la manera en la que resuelven la urgencia del seguro médico.

  La precariedad la podemos observar desde foros como el Centro Cultural Hermanos Revueltas, ubicado en Ecatepec de Morelos. Quienes cierran puertas de golpe anunciada la pandemia, con ni un artista adscrito al respaldo del Seguro Médico. Cabe resaltar que estos licenciados en pintura, acondicionamiento físico, músicos, periodistas, fotógrafos, historiadores, todos enfocados a apoyar a la comunidad de San Agustín, Ecatepec, quedan desprotegidos, ya que su ingreso es a través de talleres que se pagan prácticamente al día y por la participación ciudadana.

Sabemos que no es el mismo panorama para todos. Algunos afortunados, con seguro, lo tienen, no por ser artistas, sino por pertenecer a otras disciplinas o trabajos.

Por ejemplo, el entrevistado Robert E. artista plástico, quien logró sobrevivir al COVID-19, lo hace gracias a su seguro médico escolar. Al preguntar a Robert cómo se sentía y si se concebía discriminado o vulnerable por ser artista él respondió: “Yo no me sentí desprotegido, tengo buenos amigos. Pero percibo esa sensación de soledad y desprotección de mis colegas artistas”.

Robert tiene más de treinta años, es un artista consolidado y corrió con la suerte de que su trayectoria y amigos lo respaldaran económicamente, además de estar adscrito a una institución educativa que velo por su salud.

Poeta, hiphopero y psicólogo que lucha contra el cáncer

Tenemos otro ejemplo en Emanuel Rizo, poeta, hiphopero y psicólogo, que ha luchado contra su cáncer y la recurrencia, gracias al seguro médico dado por su trabajo como psicólogo. Rizo, reconoce el valor de los artistas que intentan vivir del arte y reconoce las carencias que conlleva tomar esa decisión. Menciona que solo se quedan en “el medio” los que se adaptan a la austeridad y pierden el miedo.

 Hasta aquí, tenemos dos artistas salvados por su esfuerzo y la campana, y eso nos lleva a cuestionarnos ¿Por qué es importante el Seguro Médico?, ¿por qué ha puesto de cabeza a los artistas y desprotegido a sus familias no tener seguro? En la realidad artística, costear un seguro es algo que personas con sueldos variables no pueden cubrir, pues en tiempos de vacas flacas, se atienden, comen o sostienen a sus familias.

El contraste

Pero, he aquí un testimonio contrastante. A voz de la artista plástica Yunuen Ramírez supe que su familia había perdido contra el monstruo de la corona, hasta ahora sin cura, y que ella lidia, a parte, con dos hechos nada favorables e inevitables, además de esta pandemia, ser artista plástica y padecer Artritis Reumatoide, enfermedad que requiere cuidados de por vida para retrasar la deformación y entumecimiento de sus articulaciones.

Yun cubrió por 3 años las necesidades de su enfermedad por medio del Seguro Popular, donde pagaba una muy simbólica cuota y a cambio recibía una sorpresiva y digna atención médica, así como medicamentos gratuitos. Sin embargo, los momentos de bonanza terminaron en noviembre del 2019 cuando se anunció oficialmente que el Seguro Popular pasaría a ser el Instituto de Salud para el Bienestar mismo que entró en vigor el 1 de enero del 2020.

El derecho a la salud gratuita

El INSABI presumía a voz de su titular, el Antropólogo Juan Antonio Ferrer Aguilar, que iba a brindar de seguridad social a todo aquel que necesitara atención médica, cumpliendo así el derecho constitucional a la salud gratuita de todos los mexicanos.

Para Yun esto no fue más que una sentencia de austeridad, que no ha podido compensar a 7 meses de desabasto de medicamento, mientras se regula y monetiza el nuevo seguro, y a esto se suma la caída de festivales, foros, empresas culturales que le daban a lo largo del año dinero seguro, los cuales, por culpa del monstruo de la corona fueron clausurados, suspendidos y “adiós ingreso seguro”.

Yun es el otro lado de la moneda, que nos muestra que esta reforma bien intencionada y una pandemia imparable puso pies al cielo a los artistas, sin empleo y por lo tanto sin acceso a atención médica. Lo que hace notar que el INSABI y la nueva organización gubernamental se vienen a sumar al enorme cúmulo de malas decisiones hacia la vida artística, distando años luz de lo que se pretendía que fuese.

Además, el sector salud ha postergado en pro de la COVID su responsabilidad con la población con enfermedades crónico degenerativas o discapacitantes, como los son las cardíacas, los infartos, el cáncer, las enfermedades respiratorias y la diabetes, las cuales según la OMS representan el 63% de las muertes en México.

Tal vez sea imposible a estas alturas replantearse otro cambio al sistema de salud. Seguramente será difícil cubrir las necesidades de los artistas y sus familias, y ellos tengan que seguir valiéndose de su ingenio para sobrevivir. Pero, lo que he tratado de explicar entre las cifras, críticas y testimonios, es que sí debe haber una reforma, una que erradique el título de sector vulnerable, una que sostenga el trabajo con derechos laborales, que dignifique la trayectoria del artista y abrace a todos en un sistema de salud igualitario.

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